El dueño

El dueño

Por VícToR OliVeRa

El deporte, con el transcurso del tiempo, empezó a convertirse en cuestión de Estado. Incluso gobiernos dictatoriales lo han utilizado.

La Junta Militar sacó provecho del mundial realizado en el país. Carlos Alberto Lacoste era el hombre fuerte del proceso, por él giraban las decisiones en torno a la cita mundialista. Pasó por varios cargos políticos, pero nunca acumuló tanto poder como con el fútbol. Era el brazo ejecutor del Ente Autárquico Mundial ’78, la figura que crearon los militares para construir las obras y manejar la caja. Una de las primeras medidas que le simplificó la tarea fue el decreto 1261 que hizo posible que el EAM mantuviera en “reserva en la difusión de sus actos”. El evento le costó al país 517 millones de dólares, 400 más que los pagados por España en 1982. Nunca presentó un balance, consideraba innecesaria su difusión. El encargado de la prensa oficial era el periodista Aldo Proietto.

Pero no era solo ese su lugar, también tenía influencia en River. Ubaldo Fillol, uno de los mejores arqueros que dio Argentina, formó parte de aquella selección campeona del mundo. El ‘Pato’ recibió un “apriete” por parte del marino. En rebeldía con el club de Núñez, por aquellos días se discutía sobre la renovación de su contrato. Estaba en desacuerdo con la plata que le ofrecían.

El almirante le dijo que no eran tiempos de reclamos de trabajadores. Las huelgas estaban prohibidas: “Entramos a una oficina, estaba Lacoste sentado, vestido de militar, y me dice: ‘Escucheme, usted tiene que firmar contrato con River, porque en River mando yo’”.

El grado de poder que tenía abrumaba. En plena tertulia sacó un revólver y lo puso sobre el escritorio. “Usted tiene que hacerlo, sino le puede pasar cualquier cosa, lo pueden encontrar en un zanjón, en cualquier lugar puede aparecer tirado”, lo amenazó.

Lacoste no era el presidente de River, era socio honorario (al igual que Videla, Massera y Agosti), pero se tomaba ciertas atribuciones para imponer sus condiciones. El ‘Pato’, incrédulo, no quería saber nada con complacer esas intenciones, porque no era un directivo del club con quien estaba arreglando. “Fillol, levántese y mándese a mudar, porque acá mando yo y las decisiones las tomo yo”, le dijo, enojado, tras el rechazo a su propuesta.

La bronca le duró largo rato y empezó a dar señales de su disgusto. Después de aquella charla, el padre del golero tuvo un problema al subir a un colectivo, en lo que parecía ser un intento de asalto, que evidentemente no fue tal, sino un mensaje posterior al encuentro. “Lo esperaron a mi viejo y lo ‘cagaron a palos’ para que yo firmara contrato”, aseguró el año pasado.

Tal vez quedó algún resquemor de aquello o la personalidad de Fillol lo pinta de cuerpo entero. Una vez Lacoste saludó uno por uno a los integrantes de la selección y fue el único que se negó a darle la mano. Tenía carácter dentro de la cancha, afuera también.